[Historia publicada originalmente el 19 de agosto de 2003]
Desde antiguo el hombre se ha preguntado dónde reside la inteligencia, y qué es lo que nos hace más inteligentes que los animales. Por supuesto muchas fueron las respuestas y muy diversos sus seguidores. Generalmente se suele aceptar que la mayor muestra de inteligencia que poseemos es debida a la capacidad de hablar.
En
Babylon 5 las leyes sobre asesinato se aplicaban cuando la víctima era de una civilización con capacidad de comunicación, por poner un ejemplo friki.
Dejando aparte el origen y situación de la inteligencia, algunos han intentado medirla, y para ello no se les ocurrió nada mejor que inventarse los test de inteligencia, asignando un valor según contestes de una forma u otra a ciertas preguntas que te hacen. Cada test tiene su propia puntuación, por lo que un valor absoluto en una escala no tiene por qué corresponderse con la misma cifra en otro.
Por ejemplo, el requisito para ingresar en la
mensa es estar en el percentil 98, es decir, que el 98% de los resultados que se hacen en ese test sean menores que el tuyo, como mínimo. Usan un valor relativo, no un valor absoluto.
Sin embargo, la mayoría de los test que yo vi son en realidad pruebas que miden tu capacidad para encontrar una secuencia, de modo que tienes que acertar cuál es la figura que falta. Este no me parece un modo óptimo para medir la inteligencia, si es que puede llegar a ser medida, claro. En realidad ese tipo de tests dependen un poco de la imaginación que le eches a la hora de encontrar la secuencia lógica (y si definimos eso como inteligencia podemos dejar de lado muchos aspectos), un ejemplo: ¿cuál es el color que falta?
Gris, rosa, azul, marrón, XXXXXXX, amarillo, magenta
Realmente no hay que echarle mucha imaginación, todos conocemos la secuencia, aunque no nos demos cuenta. ¿Son los que descubren el color que falta más listos que los que no lo hacen?