Como un sueño. Entraron al escenario desde un lateral, como siempre hacen, y saludaron. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que los estaba viendo en vivo y en directo (¡y del bueno!). Ninguna palabra al público, ni siquiera un saludo, lo primero que se oyó fue
¡Que viva el Sheriff Haward!, fieles a su estilo, sin duda.
Y así comenzaron dos horas de risas y aplausos (interrumpidas por carcajadas y ovaciones) que me recordaron el motivo por el cual poseo (poseemos, yo y mi hermano) cinco VHS de sus actuaciones y, a partir de ayer, un DVD.
En este espectáculo
Les Luthiers siguieron mezclando canto con humor como en las primeras actuaciones, deleitándonos con sus ingeniosos diálogos y sus increíbles instrumentos...
...musicales.
Además del (omnipresente en sus obras)
latín o violín de lata, hicieron aparición el
lirodoro, el
calefón, el
nomeolbidet y la
desfinaducha. Estos cuatro últimos para la obra
Loas al Cuarto de Baño, en honor a la estancia de la casa que más ha tardado en hacerse sitio en la historia, donde tantas cosas se han pensado y tantos libros se han leído, ese lugar en el que algunos gobernantes tuvieron grandes ideas como si del despacho se tratase, hasta el punto de que no se sabe dónde tuvieron más buenas ideas y dónde hicieron más... decisiones desatinadas.
El momento emotivo de la noche fue casi finalizando la obra
Radio Tertulia, en la que estaban intrevistando a un grupo inglés:
- ¿Qué le pregunto?
- Algo que le interese a todo el mundo.
- Ya sé... ¿qué hora es en inglaterra?
- Eleven Forty.
- ¿Qué ha dicho?
- Creo que no oye... eleven: eleven la voz.
- Ah, claro... forty: más fuerte.
[...]
- ¿Y tienen algún deseo?
- We want Peace.
Tras los minutos de aplausos posteriores a esa frase el grupo continuó, profesionales.
- ¿Los tres a la vez? Pues vayan, vayan, no les seguimos reteniendo... para que no sigan reteniendo.
El programa completo de la obra se lo puse en la historia anterior, y no les comento más, sé que sólo sienten envidia (y lo sé por experiencia).