De vuelta a casa me ocurrió
El otro día volvía conduciendo de noche a casa. En ese momento estaba lloviendo de un modo considerable, por lo que iba despacito y fijándome bien, tener accidentes no tiene pinta de ser muy agradable.
El ruido de las gotas de agua golpeando el parabrisas ahogaba el sonido de la radio, por lo que le di un poco más de volumen. Y de repente sólo la radio. E igualmente de repente otra vez la lluvia.
Había pasado por debajo de un puente y éste actuó como un momentáneo paraguas. Un poco más adelante había otro. Los limpiaparabrisas se afanaban en eliminar el agua de la luna delantera y permitirme ver lo que hacía. Ya estoy debajo de él. Ahora los limpiaparabrisas se afanan en danzar al son de la música que los altavoces del coche emiten, descompasados con ella. Salgo de debajo del puente y las veo, cientos de ellas pero claramente diferenciadas, como una fotografía que un hipotético pasajero del coche me pusiese delante de los ojos, cientos de gotas de agua ligeramente iluminadas por una farola cercana y que se acercan irremediablemente al suelo atraídas por la gravedad. Torpieza en el parabrisas. De nuevo los limpia sirven para algo.
Unos metros más adelante alguien se mete en una rotonda sin ceder el paso, y tengo que dar un volantazo para evitar que choquemos, y es que uno no puede entretenerse contando gotas cuando conduce.